martes, 24 de junio de 2008

Imposible (por Melibea)

Hace unos meses te conocí, sujeto tácito, a través de este texto, por eso quiero que me hagas el favor de publicarlo en tu blog; pues me llena la memoria de recuerdos agradables y de la visión de un excelente comienzo. Su título es “Imposible” y dice así:

¿Existe acaso una palabra que hiera más que esta? Ni gloria ni galardón. Tan solo te permito una mirada, un suspiro, aunque secretos, escondidos, porque tú quieres lo imposible. Tu imposible.

Apareces tras de mí, callado, melancólico, a ratos infantil, a ratos sereno, en un caminar de imposibles metas y eternos sinsabores. Entonces recuerdo mis imposibles caducos con unos ojos vacilantes entre lágrimas y deseos perdidos, o remotos.

Tu imposible y el mío no son de este mundo ni de ninguno, pues no hay Dios en una tierra estéril, incomprensible.

Quise abrazarte, al menos coger tu mano, con el fin de calmar ese dolor de paz.

Pero tu imposible y el mío no son de este mundo, aunque me preguntes por qué.

Ahora quisiera yo recibir tu abrazo, o tu mano, en un mundo imposible, contigo y conmigo imposibles, en un tiempo imposible, en una edad imposible.

En una inexistencia imposible.

Olivia, alias Melibea
16 de febrero de 2007

sábado, 21 de junio de 2008

Gracias, Sandro

Dejo de regalo un video de un verdadero grande, Sandro de América. Prometo que, en algún momento, escribiré algo en lugar de poner sólo videos.

La letra se halla en letras.com




Fuente:
Video: Youtube

Nobody knows the way it’s gonna be




Fuentes
video: youtube
letra: sing365

viernes, 20 de junio de 2008

Petrarca

Hace unos días Melibea colaboró en este blog con una nota sobre Garcilaso. Hoy le toca el turno al bueno de Francesco Petrarca. No haré una nota biográfica sobre este italiano que, tal vez, sea el primer humanista, pero sí contaré que nació en Arezzo en 1304 y vivió hasta 1374. Su mujer idealizada, Laura, fue la inspiración y el destino de gran parte de sus obras, a ella debemos agradecerle las obras del poeta.

Ahora simplemente los dejo con la obra, seguramente volveré a citarlo.

SONETO A LAURA

Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra,
ni me retiene ni me suelta el lazo;
y no me mata Amor ni me deshierra,
ni me quiere ni quita mi embarazo.

Veo sin ojos y sin lengua grito;
y pido ayuda y parecer anhelo;
a otros amo y por mí me siento odiado.

Llorando grito y el dolor transito;
muerte y vida me dan igual desvelo;
por vos estoy, Señora, en este estado.

Fragmento CXXXII

Si amor no es, ¿qué es pues lo que en mí siento?
Y si es amor, ¿cuál su naturaleza?
Si bueno, ¿cómo siento esta aspereza?
Si malo, ¿cómo es dulce este tormento?

Si ardo a placer, ¿qué lloro y qué lamento?
Si a mi pesar, ¿qué gano en mi tristeza?
Oh viva muerte, oh plácida crudeza,
¿cómo haces tanto en mí, si no consiento?

Y si consiento, sin razón me duelo.
A merced de viento y mar mi nave en plena
y en alta mar a navegar se atreve,

tan pobre de saber, de error tan llena,
que yo mismo no sé ya lo que anhelo;
y tiemblo bajo el sol y ardo en la nieve.

A ella, a Laura

martes, 17 de junio de 2008

sábado, 14 de junio de 2008

Para que no tengamos nunca más soledad

¿Qué hago acá?

Ricardo se encontraba a unos cincuenta kilómetros de su casa, estaba medio perdido en un lugar que le era prácticamente desconocido, había caminado por horas, sus piernas estaban cansadas, sus pies le dolían, si bien disfrutaba mucho caminar simplemente dejándose llevar por sus pies y despejando su mente, ésta vez hubiera preferido parar.

Durante sus horas de caminata, se le ocurrió que su vida era una caminata sin rumbo, pensando siempre en otra cosa mientras el mundo pasaba a su alrededor, no había buscado un destino, solo caminaba. Recordó una canción de un catalán que decía “caminante no hay camino, se hace camino al andar” y sonrió para si mismo.

Pero esta vez, algo era diferente, como en los últimos meses sus pensamientos lo llevaban de algún modo u otro a ella, recordaba su sonrisa, su llanto, sus palabras, su dulce voz…
Se preguntaba ¿ella, será Ella?, ¿será el destino tan preciado?

El cansancio y el dolor desaparecieron en cuanto ella llegó a su mente y todo se convirtió en una melancólica felicidad, la imaginaba a su lado, caminando juntos, pensaba que con ella a su lado ningún camino sería hostil, ningún destino sería erróneo. Pero si bien ella estaba cerca en sus pensamientos estaba muy lejos en el mundo material.

Ella había llegado a su vida una tarde de verano y había dejado su marca para siempre aunque él intentó evitarlo por temor a que al final solo le produzca dolor, una mágica tarde de verano mientras él se encontraba en otro lugar lejano a su tierra pero cercano a su corazón, ella le prometió que no quería lastimarlo, fue en ese momento en el que él se dio cuenta que ya era tarde para huir, sabía que de un modo u otro ella lo lastimaría en algún momento, pero también que ese dolor valdría la pena.

Cuando su cuerpo estaba agotado, se sentó en un cantero a descansar y se preguntó que hacía en ese lugar, por qué no estaba con ella, si su vida lo había llevado a donde el quería ir.
Simplemente se preguntó:

¿Qué hago acá?

Sirxmotion 13/06/08
A Ella

martes, 10 de junio de 2008

Otra vez Frank

Llévame a la luna, nada más que decir, mejor dejemos que el bueno de Frank cante, que lo hace muy bien. No encontré un buen video, ni una buena traducción, pero, como quería publicar la canción, usé lo mejor que encontré. No publico la letra en inglés porque está en el video.



Llévame a la luna
Déjame cantar entre esas estrellas
Déjame ver como es la primavera
En Júpiter y Marte

En otras palabras, toma mi mano
En otras palabras, nena bésame

Llena mi corazón con una canción
Déjame cantar eternamente
Eres todo lo que anhelo
Todo lo que idolatro y adoro

En otras palabras, por favor se sincera
En otras palabras, Te amo.


lunes, 9 de junio de 2008

Ay, amado Garcilaso (por Melibea)

A la hora de participar en este blog tan querido, no sabía qué tema escoger como aperitivo. Sin embargo, quizás inspirada por el propio Un Sujeto Tácito, pensé en la figura de un hombre apasionado por la caballería y por la literatura: Garcilaso de la Vega.

Garcilaso encarna en sí mismo los valores del individuo renacentista. Sus escasos treinta y cinco años de vida están repletos de acción, de hallazgos poéticos y de valores morales plenamente asentados.

Si tuviera que destacar aspectos de la breve obra de este poeta, me decantaría por la presencia de esta tríada: la mitología, la naturaleza y el amor. En realidad, los dos primeros elementos se hallan al servicio del último, vértice de este triángulo tan característico del siglo XVI. Mediante los episodios grecorromanos y el marco incomparable de una naturaleza idealizada, el autor habla del amor y de la mujer como ejes de su producción. Este hecho quizás parezca anecdótico, pero no lo es: a pesar de ser un varón de armas y letras, sus hazañas bélicas- nada despreciables- desaparecen de su producción y otorgan el protagonismo al sentimiento amoroso y a la contemplación de la amada.

Me resulta imposible seleccionar una pieza por encima de las demás; pues, si te adentras en la poesía de este caballero, la sonoridad de los versos te atrapa. Quizás lo mejor sea reproducir un soneto suyo, puesto que fue el auténtico aclimatador de esta estrofa italiana a la lengua española, durante una época regida por Carlos V.

El soneto, conocidísimo, recorre el físico de la mujer renacentista por excelencia hasta culminar en el tópico “collige, virgo, rosas” o “carpe diem”, según se mire, aunque, en el Renacimiento, resulta más adecuado denominarlo de la segunda manera. Aconsejo que la lectura de estos versos se realice en voz alta y con el alma abierta.

En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena,

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.


Melibea, que prefiere a Garcilaso antes que al torpe y desdichado Calisto.