jueves, 27 de noviembre de 2008

El Sueño del Pibe

Como todos los viernes a la noche, Federico preparaba el fuego para el asado en el club. Esa noche cumplía un ritual casi sagrado e inamovible desde hacía ya varios años: futbol y asado, la mezcla no podía fallar.

Federico no jugaba al fútbol, pero era el mejor asador del grupo, así durante los 90 minutos del partido: él preparaba la carne, encendía el fuego, ponía música, tenía todo perfectamente calculado, a las 23:40, cuando terminaba el partido, todo estaba listo.

Conocía a los pibes desde primer grado, incluso a algunos desde mucho antes y por ello, aunque a él no le gustaba el fútbol, nunca faltaba a la cita de los viernes a la noche. Unos cuatro años atrás, con dieciséis de edad, comenzó, mitad para no aburrirse a hacer asado para después del partido, y no falló nunca a su misión, ni siquiera cuando contaba con compañía femenina.

Pero esa noche de octubre, mientras su equipo “Las vacas maulas” jugaba contra “Rayo azul”, un afamado equipo del oeste, el negro Vidal, jugador estrella de "Las vacas" sufrió un desgarro y salió de la cancha; al no contar con suplentes, Tony, el capitán del equipo, le rogó a Federico que jugara; este se negó rotundamente varias veces.

- Dale, aunque sea para hacer bulto, te quedás atrás y listo, pero nos están ganando y con un jugador menos nos van a golear. ¡Por favor!, sólo quedan veinte minutos.

-Está bien, voy a jugar, pero si soy horrible no me jodan.

Federico salió a la cancha, con jean y zapatillas en lugar de cortos y botines; se posicionó atrás como defensor; y pensó: "Bueno, de última barro a alguno y fue".

Pasaron los minutos y el avance de "Rayo azul" era imparable. Dos goles seguidos del contrario bajaron la moral del equipo del sur. En un momento, por accidente, la pelota cayó a los pies de Federico, estaba nervioso, no sabía bien qué hacer.

-Pasála, pasála- le gritaban sus compañeros. Dos jugadores contrarios se le vinieron al humo, casi por instinto Federico los gambeteó, corrió de una punta a la otra de la cancha, esquivando a cuatro o cinco camisetas azules, cerró los ojos y pateó, el grito de gol de sus compañeros fue seguido de abrazos y alabanzas.

Con el saque, Federico recibió la pelota y desde la mitad de la cancha avanzó de una forma imparable para convertir el segundo gol de "Las vacas". El tercero no fue suyo, sino que se la pasó a su gran amigo Santiago, que la metió de cabeza. El cuarto gol, que definió la victoria, lo hizo el mismo Fede con una caño al arquero.

Los viernes siguientes Federico jugaba de nueve y titular indiscutido, la voz corrió por el barrio y los vecinos acudían a verlo jugar, algunos lo comparaban con Maradona, otros decían que era aún mejor y todos coincidían en que debía probarse en un club grande.

Pero a Federico no le gustaba el fútbol, jugaba y ganaba solo para hacer felices a sus amigos, él extrañaba hacer asados, en la cancha se aburría completamente.

Una noche de verano, después de un partido, un hombre se acercó a Federico y le dijo que el martes a la mañana fuera a la cancha de Boca, a probarse para el equipo de primera. Federico quedó anonadado, le dijo que no podía porque tenía que trabajar, pero Tony insistió y lo volvió a convencer:

–Fede, vos tenés un don. Imagináte: la fama, la fortuna, las minas, ¡las botineras! ¡¡Vas a cumplir el sueño del pibe!!!

El martes a la mañana Federico fue al Club Boca Juniors y sorprendió a todos, incluso jugó con el equipo mayor y era claramente el mejor jugador de la cancha, cada tiro era gol, cada pase era certero, cada gambeta era efectiva.

Firmó un contrato ese mismo día, se pasó las vacaciones entrenando, su debut sería en el torneo de verano, contra River Plate.

En Mar del Plata la Cancha estaba llena, en los últimos días la prensa deportiva no paraba de hablar de la revelación de Boca Juniors.

A los treinta minutos del segundo tiempo el director técnico le ordenó entrar a la cancha, él estaba ahí, la hinchada gritaba su nombre, había llegado su momento, jugó como nadie, corrió, gambeteó, la gente lo alababa, era su momento.

Faltando un minuto estaban cero a cero, tomó la pelota, sereno en su acción, gambeteando a todos se enfrentó al arquero y en un segundo el tiempo se detuvo. Federico pensó en lo que le había dicho su gran amigo Tony: "La fama, la fortuna, las minas, ¡las botineras!". Y se dio cuenta de una realidad fatal, a él no le interesaban ni la fama, ni la fortuna, ni las minas, mucho menos el fútbol, deporte que ya había empezado a odiar. No quería que la prensa hablase de él. Solo quería ser profesor, tener una vida tranquila y vivir en familia.

Cuando ese segundo eterno hubo pasado, miró al arco, el tiro era seguro, no podía fallar, eran sólo dos metros y el arquero estaba muy lejos para atajar, como en aquella noche de octubre, cuando metió su primer gol. Federico cerró los ojos y pateó.

Al abrirlos vio la pelota alejándose varios metros por arriba del travesaño, los abucheos eran la regla general, hasta le parecía oír las burlas de los comentaristas deportivos.

Al terminar el torneo de verano no había vuelto a entrar a la cancha y su contrato fue rescindido.

En Marzo volvió al profesorado y ahora está dando clases en algún colegio que se cae a pedazos, donde cada tanto algún alumno le pregunta si tiene algo que ver con aquel pibe que jugó una vez en Boca, sólo en esos momentos Federico recuerda que pudo haber cumplido el sueño del pibe, pero de otro pibe.

Sirxmotion 5/10/2008

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viernes, 14 de noviembre de 2008

Revolución sin título

Una cálida noche de verano, toda la población del país miraba expectante el televisor o estaba pegada a la radio, las calles estaban desiertas, solo se oían los ladridos de los perros.
De un segundo a otro, todo cambió, lo peor había pasado, nadie, absolutamente nadie quería que esto pasara, la reacción fue inmediata.
En pocos segundos las calles de la ciudad estaban abarrotadas de millones de personas indignadas, protestando, con bombos unos, cacerolas otros.
La furia del pueblo era incontrolable, no importaba la clase social, el sexo o la edad, todos, repito, todos expresaban su malestar.
Enormes columnas de personas se acercaban a la plaza, venían desde los barrios más caros del norte y de la periferia más empobrecida, el pueblo estaba desatado, algunos querían justicia, otros las cabezas de los responsables,
Los disturbios no tardaron en comenzar, rompieron vidrieras, saquearon negocios, quemaron coches.
La multitud expresaba su ira y frustración, se oían gritos:
¡Esto no lo vamos a permitir!
¡Nos bancamos a los milicos, nos bancamos quedarnos sin trabajo, pero esto no!.
La tensión crecía a cada segundo y aumentó mucho más al llegar la policía, la orden venía directamente de la presidencia: había que reprimir.
Pero por una vez en la historia los uniformados rechazaron la orden y se sumaron a la protesta.
Mientras en la capital la violencia aumentaba, las noticias que llegaban del interior no eran alentadoras, las principales ciudades primero y los pequeños pueblos después se habían levantado, se hablaba de comisarías incendiadas, fábricas tomadas, el país estaba en llamas.
La propia casa de gobierno nacional peligraba, el ejecutivo dictó el estado de sitio, pero fue contraproducente, la multitud estaba enfurecida y unida contra un enemigo común, el orgullo de la nación había sido dañado cómo nunca, las coquetas señoras estaban codo a codo con los más pobres y postergado habitantes.
El caos se había apoderado del país, a la madrugada las voces no callaban, la violencia popular iba en aumento, las marejadas de personas iban de aquí para allá, los aeropuertos estaban cerrados, varios edificios públicos habían sido tomados, incluso el histórico cabildo, aquel en donde había nacido la república.
La revolución estaba en puerta, preso del terror el poder ejecutivo utilizó su último recurso y llamó al ejército, la represión fue rápida y brutal.
Poco después del mediodía del lunes, la ciudad estaba despejada, sólo se oían lamentos y sirenas y por las calles únicamente circulaban ambulancias, coches de bomberos y carros militares.
Los muertos se contaban por miles, esa fue la noche más sangrienta de la historia del país.
Con el tiempo volvió una relativa tranquilidad, pero los poderosos habían aprendido una valiosa lección: el pueblo tenía un límite, nunca más dejarían que pase algo así, nunca más la selección de futbol sería eliminada antes de llegar al mundial.



Sirxmotion casi terminado el 6-11-08

viernes, 7 de noviembre de 2008

San Martín el guerrero


Quienes me conocen saben mi admiración por San Martín, admiración compartida con mi buen amigo durkheim quien me pasó esta nota, publicada en el diario la nación con respecto a un nuevo libro sobre el libertador, La Logia de Cádiz (Planeta), de Jorge Fernández Díaz.
En el cual se muestra un costado diferente del padre de la patria, en el que muestra su lado heroico y guerrero, pero no voy a transcribir la nota, si quieren leerla hagan click aquí.
cuando lea el libro, haré un comentario, lo prometo, pero sean pacientes.
una nota aparte sobre la portada creada por el gran Guillermo Roux Publicada al costado del texto.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Princesas sobre ruedas

En enero de 2009 voy a ser tío y padrino, de ua hermosa niña, claro que en realidad padrino seré más adelante, de una niña, cumpliendo orgullosamente con un acuerdo pactado hace más de 15 años, cuando la idea de que uno de los dos integrantes sea padre era muy, muy lejana.
Debo decir que esa noticia además de llenarme de una felicidad me cambió el modo de ver muchas cosas.

Qué le importará esto a los lectores de este blog, pues supongo que a la mayoría nada, pero quería compartirlo no sólo porque es una de las noticias más felices que me llegaron en la vida, sino porque al provocar varios cambios en mí, sirve de introducción para lo siguiente.

Una tarde de semana en un colectivo que claramente sobrepasaba el numero máximo de pasajeros, el día laboral había terminado, el hastío del viaje, el insoportable calor, el humo, el ruido ensordecer del motor y las ganas de llegar a casa y dormir hacían el viaje insoportable, me preguntaba si el conductor de ese bondi era el mismísimo Caronte y nos levaba a través de un rió de asfalto hacia el lugar temido, bueno después de todo el infierno no podía ser muy distinto a ese lugar, caluroso, respirando humos tóxicos, ruidoso y repleto de gente.
el panorama era desolador, tristemente suburbano, una frenada feroz casi provoca una ola humana, ya no había esperanzas en ese cubículo de metal.
Hasta que casi de la nada, una princesa se asomó entre los condenados, ella con su vestido rosado y su tiara multicolor salvó a todas las almas sensibles que la veían, en su pequeña mano llevaba un cetro, seguramente cargado con un poco de magia.
Cómo si no se encontrara en ese lugar horrendo sino el el más lujoso de los palacios, la pequeña princesa, sonreía mostrando su dentadura incompleta, caminaba de la mano de su madre, que no tenía a los ojos de los condenados, aspecto de reina, pero algo me dijo que aquella princesita la veía como lo que realmente era, una reina distinguida entre sus pares de los países más remotos del mundo.
El demoniaco vehículo se detuvo, abrió su puerta trasera y la pequeña princesa nos abandonó, pero dejó en los hacinados condenados el mayor regalo, esperanza.

Una mañana soleada, que más que una mañana era la continuación de una noche que no quería terminar, un joven se sienta en un desvencijado vagón de tren, por su mente pasan flashes de lo acontecido en las ultimas horas, sonríe, pero el sueño está a punto de vencerlo, lucha con todas sus fuerzas para no dormirse, ya que pasarse de estación significaría un largo retraso para llegar a su casa, imploraba por una salvación, algo que lo mantenga despierto.
A la siguiente estación sus plegarias fueron escuchadas y una pequeña princesa, que no necesitaba vestido de gala, se posó ante sus ojos y sonrió, unos meses atrás el joven hubiese ignorado a la niña, pero todo había cambiado, la niña apenas sabia hablar, pero no paraba d hacerlo, la conversación duró unos quince minutos, durante ese tiempo la niña habló de sus primas, de un accidente automovilistico, la reparación de los andenes, los caballos y cuantas cosas pasaban por la ventanilla. Dos cosas sorprendieron al muchacho, cuando ella le preguntó si vivía en carpa,y cuando se maravilló con un caballo, de un momento a otro a ella no le interesó más la conversación y se fue a jugar con su padre.