martes, 30 de diciembre de 2008

El Primer Año Nuevo

Les dejo un cuentito, es un poco largo tal vez para un blog, pero como trata de cierto modo sobre año nuevo, me pareció copado publicarlo ahora.


El calor de diciembre era sofocante. En la estación de ómnibus de Retiro, Ricardo, acompañado por su padre, esperaba el anuncio de la partida del micro que lo reencontraría con su hermano Beto. Tenía muchas ganas de fumar, pero, aunque su padre conocía el recién incorporado vicio, no le permitía hacerlo en su presencia.

El viaje que le esperaba era largo- catorce horas sin parar-, sin dudas lo mataría, además había algo que preocupaba a Ricardo: catorce horas sentado, cenando, compartiendo y durmiendo con alguien que no conocía. Era la primera vez que viajaba solo a Neuquén desde que su hermano mayor se había mudado a la ciudad del sur un año atrás. La única vez que había podido ir a verlo viajó con su padre.

Sin embargo, esta vez iba solo, lo que representaba en aquel joven de dieciséis años un importante paso a la adultez. Tenía una pequeña cantidad de dinero con la que debía vivir las dos semanas de estadía. Como Beto trabajaba, Ricardo estaba obligado a ayudarlo con las tareas del hogar y, si quería pasear por la tarde, debía hacerlo solo. Pero lo más fuerte del caso, lo que más enorgullecía a Ricardo es que él había decidido no pasar Año Nuevo con sus padres, sino con su querido hermano mayor, y su decisión fue aceptada sin dudas por los padres.

El ómnibus llegó a la plataforma 33, anunciaba 20.00hs destino final: Zapala. Ricardo cargó el bolso en el maletero y subió. Se ubicó en su asiento (número 18 del lado del pasillo). Entonces recordó que, cuando compraron el pasaje, la vendedora comentó que la última ventanilla la habían vendido minutos antes. Sacó de su desvencijada mochila negra con inscripciones de bandas de rock, un walkman, puso un casete de The Ramones, sacó el libro recopilatorio de X-men, se relajó y se dispuso a disfrutar el viaje.

Antes de que el vehículo se pusiera en marcha, mientras leía la tercera pagina, oyó una voz femenina que pedía permiso. Al levantar la mirada, la vida de Ricardo cambió, tal vez para siempre. Se movió y dejó que su compañera se acomodase: era una mujer hermosa, tez blanca, rasgos finos, cabello lacio y negro, unas pocas y rebeldes pecas salpicaban su cara. Al notar que ella era claramente mayor, a Ricardo le dio un poco de vergüenza estar leyendo historietas; se sonrojó un poco. En silencio agradeció a Dios por la compañía de una mujer hermosa.

Pasaron algunas canciones. Ricardo apartaba la vista del cómic para mirar de reojo a su compañera, que leía un libro que parecía no divertirle demasiado. Ella, que había notado las tímidas miradas del muchacho, rompió el hielo con un comentario:

-Ahh, te gusta X-men, ¡qué bueno! A mí me encantan.

Él se sacó los auriculares, sonrió y le dijo:

- Sí, soy fanático. ¡Qué raro que te guste! No conozco muchas chicas que lean cómics, bueno, en realidad, no conozco ninguna.

Ella rió, y le dijo:

- Bueno, ahora ya conociste una. ¿Cómo te llamas?

- Ricardo, ¿y vos?

- Carolina. ¿A dónde vas?

- A Neuquén, a ver a mi hermano. Se mudó a principio de año, porque del trabajo le ofrecieron un traslado, ¿y vos?

- También a Neuquén. Voy a pasar fin de año con mi familia. Yo soy de ahí, pero vine a Buenos Aires a estudiar. Como el último final lo rendí esta mañana, no pude pasar Navidad con ellos, aunque en realidad no soy religiosa, así que no me importó mucho perdérmela.

- Aahh, mirá vos. Che ¿qué estudiás?

- Musicoterapia.

- ¿Y eso con qué se come?, ¿qué es?

- Justamente, es terapia con música. Se trabaja con chicos autistas, pacientes muy enfermos…

- Ahh, ¡que bien la debés de pasar!

- Bueno, che, a mí me gusta. Yo trabajé con pacientes terminales, los acompañé en sus últimos momentos. Es muy triste pensar que mucha gente muere sola en algún hospital.

- Yo no podría jamás hacer algo así, ¿cómo aguantas?

- Es raro, pero es como si la gente en su último momento irradiara un brillo especial y yo los ayudo a que dejen en paz este mundo.

Ricardo estaba sorprendido; ni siquiera sabía de la existencia de este tipo de trabajos. Su único contacto con la muerte fue cuando falleció su perro. Ella notó cierta perturbación en el joven y le dijo:

- Perdoná, te debo estar apabullando con esto, que es muy raro. Decime, ¿cuántos años tenés?

- Dieciséis, ¿y vos?

- Veintiséis, justo diez más que vos.

La asistente del micro interrumpió la conversación para servir una bandeja de plástico con una muy poco elaborada comida. Pero, mientras cenaban, la charla continuó, ella, una vez más, fue quien rompió el hielo:

- ¿Tenés novia, Ricardo?

- No, tenía, hasta hace unos quince días.

- Nooo, ¿qué pasó?

- No tengo idea, simplemente me dejó.

- Bueno, eso es más normal de lo que parece. No te preocupes.

- No, la verdad es que no me preocupo demasiado, pero es raro que me haya dejado sin ninguna explicación.

- ¿Y no se la pediste?

- No, ¿para qué? Ya está, ya fue.

- Estuviste muy bien, muy maduro.

- Es la primera vez en la vida que me dicen maduro, siempre me repiten lo contrario.

- Bueno, no te relacionarás con la gente indicada.

Ricardo se volvió a sonrojar. Él era un chico tímido, no acostumbraba a hablar demasiado, mucho menos con gente que no conocía, pero Carolina era diferente a las demás: era inteligente, culta, graciosa. Claro, que le llevaba diez años de ventaja, pero, de todos modos, él se sintió mucho más cómodo que hablando con una chica de su edad.

Hablaron de música, cine, libros, radio, y encontraron muchas coincidencias, el punk, el rock, La Naranja Mecánica, Star Wars, Lalo Mir, Borges, Bioy Casares, La mitología. Incluso detestaban las mismas cosas: la cumbia, el fútbol, los trajes, la formalidad, los conchetos... Aquel viaje que parecía que sería largo y tedioso se volvió corto y divertido.

Cuando se dieron cuenta amanecía y no habían dormido ni un segundo. El joven pensó fugazmente en besarla, sabía que no tendría chances, pero no fue eso lo que lo detuvo, sino el hecho de estropear el momento, así que prefirió tener ese recuerdo.

Cuando llegaron al puente del río Neuquén, surgió un milagro, un alivio salvador para el joven: el puente estaba cortado por una protesta; efectivos de gendarmería obligaban a parar a los ómnibus al costado de la ruta hasta que terminase la protesta. Eso le dio una hora más a Ricardo. Bajaron, fumaron uno o dos cigarrillos, estiraron las piernas un rato y la asistente los volvió a llamar. Arriba del micro, ella le mostró el boliche al que iba a bailar y en donde seguro estaría en Año Nuevo.

Ya llegaban a destino. El muchacho pensaba a cada metro en pedirle el teléfono o no. La asistente anunció la terminal de Neuquén. Prepararon sus cosas, bajaron del ómnibus. Beto esperaba a Ricardo con los brazos abiertos y una sonrisa emocionada. Se abrazaron, se sonrieron. Cuando se separaron, Ricardo sintió que le tocaban el hombro. Al girar vio que era Carolina, le deseó suerte, le agradeció haber hecho entretenido el viaje, le dio un beso en la mejilla y, sin más, se fue para siempre.

Sirxmotion 30-12-2008



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domingo, 21 de diciembre de 2008

dos micros

Dos muy muy cortos sobre el amor, mmm, es largo de explicar y de todos modos no pienso hacerlo. jajaa

-Pá, una pregunta
-Sí, hijito, decime.
-¿Cúanto pesa al amor?
-4 kilos 800, ¿por?
-No, por nada.



-¿Cómo recibiste el amor?
-En una caja verde.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Los Cadillacs Tocando para vos

Anoche fui a ver a Los Fabulosos Cadillacs al estadio. No voy a hacer un análisis objetivo porque mi condición de fan de la banda no me lo permite, así qué contaré como me salga, de hecho, parte de esta nota, proviene de un chat y otra fue escrita anoche, al terminar el recital.

Lo primero que me llamó la atención fue que el tren que tomé desde Retiro a Núñez tiene aire acondicionado y pantallas de televisión (aunque estaban apagadas) y no sólo eso, el boleto mínimo es de 50 centavos, no digo que eso esté mal, pero en el Roca, que los trenes están para atrás, el boleto mínimo es de 65 centavos, o sea, los que vivimos en el sur pagamos más por un servicio peor, lo que me hizo sentir un poco discriminado

Al llegar al estadio, puse mi firma para una campaña de Amnistía Internacional contra la violencia de género. Está muy bueno que en los recitales hagan campañas. Además, dentro había un centro de la campaña nacional contra la rubeola.

Cuando entro a la cancha, veo que el primer soporte es una orquesta compuesta por chicos de escuelas carenciadas de Buenos Aires, todos pibes. Dieron un concierto brillante.

La segunda banda soporte fue Massacre, que, como suelen hacer, dieron un concierto genial, corto y al palo.

Creo q eran cerca de las 21.30 cuando se apagaron las luces y empezaron los Cadillacs.

Vi una banda rejuvenecida, mucho mejor que en el ultimo recital al que había ido.

Empezó muy bien, todos hits, Carmela, Paquito, el aguijón,... Cada canción me llevaba a un momento de mi vida: caminando por la playa con un walkman, en una reunión con amigos, paseando por salta y Tucumán, un bar en Cipolleti, incluso mientras cantaba, recordé cuando, hace 10 años, una mujer hermosa (hoy una gran amiga) me pidió que dejaraa de cantar en un bondi rumbo a Bariloche.

La alegría y la emoción se apoderaban de mí en cada canción.

Lo único malo de la noche fue cuando un tecladista de cumbia se sumó para tocar en una destruida versión de padre nuestro (que era una de mis canciones favoritas) esto me indignó y por suerte no era el único, aunque la mayoría del público alentaba la traición. Yo, de brazos cruzados y sin cantar, me pregunté por qué habían hecho cumbia esa canción, detesto la cumbia, vamos, es una mierda y metida en un concierto de rock, es mucho peor.

Por suerte, al segundo siguiente de finalizada la bazofia, los vientos anunciaban el comienzo de saco azul, instantáneamente olvidé el horror anterior y me dejé llevar, emocionado, por una de las más bellas canciones jamás compuestas.

Antes de que pudiera recuperarme del golpe emocional, comenzaron a tocar Siguiendo la luna, una canción que adquirió nuevo sentido para mí en este año y en el transcurso de la canción, como por obra divina, la luna, llena y brillante, se asomó por la parte de atrás del estadio.

Hubo un breve y correcto homenaje al toto, sin caer en cursilerías.

El desfile de hits continuó hasta el final de un modo casi perfecto, con un segmento al palo y fiestero, con Gitana, Carnaval Toda la Vida y Matador.

Me llamó la atención la escasa cantidad de canciones de los discos "fabulosos calavera" y "la marcha del golazo solitario"

Para el final, en la segunda tanda de bises, la banda dio cátedra de rock y punk, tocando "Guns of Brixton" de The Clash y "Let's Lynch The Landlord" de Dead Kennedys, con dos niños, los hijos de Vicentico y Flavio como integrantes invitados.

Un concierto único y para recordar.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Amor no es un Motivo

Amor no es un Motivo

- Permítame su pasaporte.

- Sí, aquí lo tiene.

- Muy bien, todo en regla. ¿Cuál es su ocupación?

- Comerciante.

- ¿Período de su estadía?

- Dos meses.

- ¿En dónde se va a alojar?

- En un domicilio particular. Aquí tiene la dirección.

- ¿Es usted terrorista?

- No, bueno, si lo fuera...

- ¿Perdón?

- Nada, que no lo soy.

- Ajá. Dígame: ¿motivo de su visita?

- Amor.

- ¿Disculpe?

- Amor, vengo a ver a la mujer amada.

- Ajá, a ver... Señor, amor no es un motivo válido para permitir el ingreso al país.

- ¿Cómo? No lo puedo creer, ¿cómo puede ser que el amor no sea un motivo válido para ingresar al país?

- No, señor, no lo es, aquí tengo la lista de motivos y el amor no figura. No podrá usted pasar, será acompañado por un policía al centro para inmigrantes desde donde será devuelto a su país.

- Es increíble, ¿acaso hay un motivo más válido para hacer cualquier cosa que el amor?

- La ley es la ley, señor. Aquí tiene usted la lista, puede verificar.

- Usted no entiende: ¡la mujer que amo está esperando a pocos metros y usted me dice que no puedo verla!

- No importa quién lo esté esperando, para el Estado sólo importa la ley.

- No lo soporto, no puede ser que el amor, que no es otra cosa sino el motor del mundo, no sea un motivo suficiente para entrar a un país. Claro, si viniera por oscuros negocios no habría problemas.

- Por más que grite no conseguirá nada. Un oficial lo acompañará.

- Espere, espere un momento. Con la mujer amada voy a hacer turismo. Vamos a recorrer juntos el país.

- ¿Dijo usted turismo? Ese sí es un motivo válido.

- Claro, sí, voy a hacer turismo, aunque en realidad mi motivo principal sea el amor, pero eso tiene que servir para que me dejen pasar.

- Claro, turismo es válido, pero ya es tarde, usted dijo amor en primer lugar, el oficial aquí lo va a acompañar.


Sir Xmotion 8.12.08








Y no puedo dejar de oír la gran canción del gran Charly sin recordar la parodia de Todo por dos pesos: